Por qué necesitas un sérum para tu piel grasa

Los sérums para pieles grasas

Reconocer la piel grasa

La piel produce sebo de forma natural, y este ayuda a retener la humedad en los tejidos y protegerlos de agresiones externas.

Por lo tanto la grasa es fundamental para el buen funcionamiento de la piel: forma parte del manto hidrolipídico, ayuda a mantener la microbiota cutánea y facilita su elasticidad.

La producen las glándulas sebáceas, localizadas en la dermis media, y la excretan a través de los folículos pilosos.

Cuando hay un desequilibrio en las glándulas sebáceas, y estas trabajan de más, tenemos una piel grasa, que se caracteriza por:

  • Un aspecto brillante y aceitoso.
  • Proliferación de granos, espinillas y comedones.
  • Acumulación de suciedad en los poros, lo que da lugar a poros dilatados y puntos negros.
  • Textura gruesa e irregular, con muchas imperfecciones.
  • Es difícil que el maquillaje te dure, ya que tiende a correrse e ir “borrándose” a lo largo del día.
  • Por lo general, va de la mano de un cuero cabelludo graso, y el exceso sebáceo puede extenderse por la espalda y el torso.

Todas estas características derivan de la sobreproducción de grasa, que obstruye los poros, acumulando suciedad y microorganismos en ellos y causando imperfecciones visibles.

La piel grasa es un tipo de piel, no una condición, y mantienes el mismo tipo de piel durante toda la vida: si no podemos cambiarla, sí que podemos cuidarla de forma que consigamos devolverle, al menos en parte, el equilibrio y la normalidad.

Podemos distinguir diferentes grados o estados de piel grasa:

  • La piel grasa normal, que presenta brillos y algunas imperfecciones temporales, pero no ocasiona demasiados problemas si la atendemos correctamente.
  • Piel grasa deshidratada, en la que la película hidrolipídica está comprometida, la piel no consigue retener la humedad y, pese a la grasa, la piel está tirante, rígida e incómoda.
  • La piel grasa sensible y reactiva, que puede serlo por naturaleza o por cuidados inadecuados que derivan, además, en acné e inflamación.

Sérums y pieles grasas

Se suele decir que la piel grasa tiene ciertas ventajas, y es verdad, siempre y cuando hablemos de una piel moderadamente grasa. Estas ventajas son: una mayor resistencia a las agresiones, incluida la exposición al sol, y un envejecimiento más lento, debido a que es, como hemos dicho, más gruesa y la grasa la hace más flexible.

Pero no te equivoques: la piel grasa necesita la misma protección frente al sol que las demás, y la grasa, así como todos los tipos de granos que pueden acompañarla, la hacen más susceptible a manchas y marcas.

Es más común en los hombres, porque, al ser su piel más gruesa que la de las mujeres, tiene glándulas sebáceas más numerosas y grandes.

Si la grasa de tu rostro se ubica en la zona central de este -frente, nariz, barbilla-, tu piel es mixta, y no grasa, y el mejor post para conocerla y aprender a cuidarla es Si tienes la piel mixta debes usar sérum.

Hay una prueba, cuyo uso está muy extendido, para descubrir qué tipo de piel tienes.

  • Limpia bien tu rostro, asegurándote de retirar todo rastro de maquillaje y grasa de él.
  • Espera media hora, hasta que las glándulas sebáceas reanuden su actividad.
  • Coloca dos tiras grandes de papel de seda verticalmente sobre tu cara, uno en parte de la línea media de la cara (nariz, frente, mentón), y el otro a un lado, contra la mejilla y la sien.
  • Presiona sin frotar durante uno o dos minutos, retíralas y observa.
  • Si ambos papeles tienen rastros significativos de grasa, tu piel, seguramente, es grasa.
  • Si el papel pegado en la línea media tiene trazas grasas, pero el otro no, tienes piel mixta.
  • Si los dos papeles tienen tan solo algunos restos grasos, tu piel es normal.
  • Si ninguno tiene un restos grasos, tienes la piel seca.

Esta prueba te permite tener una idea del tipo de piel que probablemente tengas, en ausencia de lesiones o enfermedades.

A la hora de la verdad, solo un dermatólogo puede hacer un diagnóstico real. Y hemos escrito dermatólogo, no especialista en maquillaje, cosméticos ni ninguna otra cosa, sino un especialista médico de la piel.

Causas de la piel grasa

Los sérums para cuidar pieles grasas

Aunque se desconoce qué provoca que la piel produzca grasa de forma excesiva, se sabe que esta hiperproducción sebácea está muy ligada a alteraciones hormonales, dándose con mayor frecuencia y virulencia en etapas como la pubertad, el embarazo y la menopausia o el período inmediatamente previo a esta.

Pero la producción de sebo también es un mecanismo de defensa de la piel, una reacción ante situaciones como el uso de productos de belleza inadecuados,  el entorno (contaminación, clima cálido y húmedo), el estrés, la deshidratación, etc.

Nos detendremos un poco en los cosméticos inadecuados y los maquillajes inapropiados y totalmente desaconsejados.

La lucha contra la grasa lleva a muchas personas a una relación obsesiva con esta, que pasa por la compulsión de retirar cualquier atisbo de sebo en la piel, aplicando exfoliantes, productos astringentes y demás. Paradójicamente, este comportamiento lleva a una mayor producción de grasa y a una situación de “pescadilla que se muerde la cola”.

La piel necesita sebo, y cuando percibe que no hay suficiente, intensifica su producción: por eso la piel grasa contra la que se lucha no solo no mejora, sino que parece empeorar sin límites.

Por supuesto, no nos vamos a olvidar del componente hereditario, que tiene peso pero no es determinante.

Tabaco y alcohol también contribuyen en gran proporción a que la piel grasa empeore, y debes saberlo. No lo decimos porque sea algo que haya que decir, sino porque está más que probado y comprobado que ambas drogas deterioran la piel de forma muy significativa.

Finalmente, hay tratamientos médicos que pueden propiciar o aumentar la producción de sebo de la piel, así como la aparición de granos y espinillas.

Cuidados de la piel grasa

Cuidar la piel grasa con sérumEl objetivo a la hora de tratar la piel grasa debería ser conseguir una mejor regulación de la secreción de sebo, limpiar y mantener los poros cerrados y eliminar el brillo así como el aspecto oleoso de la piel.

Con respecto a los poros abiertos, hay que aclarar bien el concepto para evitar expectativas irreales. Los poros no se abren y se cierran, tienen el tamaño que tienen, y algunas pieles tienen poros mayores y más visibles, sobre todo, las pieles grasas.

Un poro solo se abre cuando se llena de suciedad, ya que esta lo satura y lo dilata, así que la limpieza, siempre moderada, es un pilar fundamental, y le devolverá su aspecto normal, pero ten claro que por mucho que limpies tu piel, los poros no van a encoger.

El tratamiento de la piel grasa no es fácil, y menos cuando la relación con esta es de guerra declarada, lo que te llevará a usar limpiadores demasiado agresivos y tratamientos matificantes y, con demasiada frecuencia, a olvidar la hidratación. La piel grasa no viene hidratada de casa y, en este sentido, necesita los mismos cuidados que el resto de pieles. Es más común de lo que podría pensarse encontrar pieles grasas deshidratadas. Doble problema.

Lo primero que deberías hacer es reconciliarte con tu piel. A partir de ahí, ten claro que puedes hacer muchas cosas para que mejore, pero es un trabajo que no dará sus frutos de un día para otro. Tendrás que ser constante, pero lograrás ver el resultado de tu trabajo y tu paciencia. ¡Garantizado! 👌

Limpieza sí, fregoteo no

Sérums para cutis graso

Si limpiar la piel con regularidad es el paso número uno en el cuidado cutáneo, es un paso todavía más importante para la piel grasa, así que tómatelo en serio, pero, recuerda, sin obsesionarte.

Limpia tu rostro, cuello y escote con un producto específico para pieles grasas, pero asegúrate de que no es agresivo, para que no cause irritación, inflamación, alteración del pH y, en general, una gran indefensión frente a agentes externos.

Deberás encontrar productos efectivos pero amables con tu piel.

A estas pieles les sienta muy bien el ritual de estratificación, que consiste en el uso de varios cosméticos por capas, y que ayudará a realizar una limpieza profunda.

El ritual de estratificación se recomienda especialmente para este tipo de pieles porque les ofrece un cuidado específico y es una forma muy efectiva de limpiarlas a fondo, limitando el exceso de sebo y las imperfecciones de una forma delicada a la vez.

Se trata de eliminar suavemente tanto las impurezas como el maquillaje sin excitar las glándulas sebáceas.

Por la noche, te recomendamos la doble limpieza japonesa, que consiste en la limpieza con aceite, seguido de un limpiador espumoso suave para eliminar cualquier resto de suciedad y los residuos de aceite.

Es el mejor método para conseguir un aseo a fondo sin agredir a la piel, siempre que utilices productos adecuados y no abuses de ellos.

Si crees que tu piel grasa debería huir de los aceites como del demonio, estás en un error grande que puede tener consecuencias negativas para tu cutis.

Retirar el maquillaje con aceite es muy beneficioso para la piel grasa, porque facilita el trabajo sin tener que frotar ni restregar, a la vez que ayuda a regular el exceso de sebo y restaura la película hidrolipídica: al usar un aceite no comedogénico (que no obstruye los poros) y afín, estarás mandando a la piel el mensaje de que ya tiene suficiente grasa, y esta regulará su propia producción. Hay muchos aceites biocompatibles que no dejan residuos grasos.

La mejor forma de limpiar la grasa es con más grasa que la “atrape” y la quite sin emplear métodos agresivos; si quieres un ejemplo, el maquillaje de los actores es muy graso y difícil de retirar, pero cuentan con limpiadores especiales, extremadamente oleosos, que hacen la limpieza muy fácil, rápida y efectiva.

Termina con un limpiador facial suave y un tónico que la hidratará y reequilibrará su pH.

El sérum cuida la piel grasa

Por la mañana no es necesario el aceite, ya que tu rostro está limpio, y vale con que te limites al limpiador suave y el tónico, aunque te aconsejamos que utilices un hidrolato adecuado, que mejorará la hidratación, calmará la piel y la preparará para el siguiente paso. Tienes muchos para elegir y son muy adecuados los de lavanda, romero, menta, rosa o hamamelis …

No frotes nunca tu piel, ni siquiera a la hora de secarla: hazlo con toques de la toalla. Puedes extender productos con un masaje, pero olvídate de restregar la piel para dejarla limpia, porque lo único que conseguirás será arrasar la capa córnea, exponer tu dermis y aumentar las posibilidades de tener infecciones.

Para limpiar la cara, las personas con piel grasa generalmente gustan de los geles y espumas, por la sensación de frescura y limpieza que proporcionan. Pero cuanta más espuma, más probable es que el limpiador contenga detergentes sulfatados que, si bien son muy efectivos eliminando la suciedad, no son nada adecuados para la piel.

Los detergentes sulfatados contienen tensioactivos que suprimen los lípidos esenciales que la piel necesita para formar la película hidrolipídica que ayuda a retener la humedad y a que la piel se autorregule, contribuyendo a la deshidratación, lo que deja la piel aún más expuesta.

Entre estos sulfatos destacamos, por ser los más usados, el SLS (lauri sulfato de sodio) y el SLES (sulfato de laurel de sodio). Son altamente irritantes y desecantes.

Un sulfato es una sustancia surfactante, es decir, que recoge y retira la suciedad, por eso se utilizan tanto en jabones y geles como en champús (y, por supuesto, en detergentes de todo uso): aunque esto suene muy bien, son agresivos y nada indicados para el cuidado cutáneo.

Existen alternativas hechas a partir de vegetales, que son muy respetuosas con la piel y con su cobertura hidrolipídica.

Limpieza extra de vez en cuando

Los sérums para las pieles grasas

Tanto las mascarillas como los exfoliantes son recursos perfectos para las pieles grasas, siempre y cuando los toleren, porque muchas -ya lo hemos visto- son, además, muy sensibles, o pasan por épocas en que lo están más.

Utiliza una mascarilla adaptada a tus necesidades una vez por semana, como mucho, y con la misma frecuencia puedes hacerte una limpieza a fondo con un exfoliante químico.

Los exfoliantes mecánicos no son los más indicados para cutis oleosos, porque la grasa tiende a pegar la porquería a la piel, y para retirarla tendrás que frotar mucho, lo que pondrá en riesgo la integridad de tu cobertura cutánea, incluso si no lo parece.

Los exfoliantes químicos disolverán suavemente cualquier sustancia sin traumas. Por supuesto, haz una prueba en una pequeña zona de tu cara antes de aplicarlos a todo el rostro.

Cada vez son más comunes los exfoliantes enzimáticos, que son menos agresivos que los ácidos y pueden ser una buena alternativa en casos de alta sensibilidad. En estas situaciones, espacia la exfoliación y aplícala solo una vez cada 15 días.

Mascarilla de arcilla y piel grasa son conceptos estrechamente asociados, pero no todas las arcillas están indicadas, porque algunas son extremadamente astringentes. Te recomendamos la arcilla verde, que desintoxica, remineraliza, desatasca las impurezas de los poros y absorbe el exceso de sebo amablemente.

Es un buen truco, para que la mascarilla no se seque del todo, rociarla de vez en cuando con un hidrosol o mezclarla con un poco de miel o yogurt antes de aplicarla.

Permite que tu piel te hable, y si la mascarilla que usas te la deja seca y tirante, cámbiala.

Para eliminar puntos negros y comedones, ponte en manos de profesionales, porque solo se quitan con medios mecánicos, y tiene que hacerlo en un entorno aséptico alguien que sepa. Si te empeñas en quitártelos tú puedes acabar con más infecciones y problemas.

Hidratación sí o sí

Sérum para hidratar pieles grasas

Ya lo hemos dicho, pero insistimos: la piel grasa necesita hidratación, la necesita a diario y si no la tiene empeorará.

Como con los aceites, debes utilizar productos no comedogénicos, y tienes la ventaja de poder emplear hidratantes en formato gel o loción, mucho más ligeros y refrescantes.

La grasa de este tipo de pieles es, en ocasiones, más densa que la de pieles normales, y no conviene utilizar nada que pueda impedir su secreción natural.

Evita ingredientes como las siliconas, los aceites minerales derivados del petróleo, las ceras no naturales (paraffinum liquidum, petrolateum, etc.), etc., y opta por los naturales. Las siliconas, por ejemplo, dejan sensaciones muy gratas en la piel, incluso intensamente sedosas, pero no aportan nada y, al ser materiales plásticos impiden que la piel respire, aunque la piel no respira, pero sí precisa, y más si es grasa, estar conectada con el exterior. Los ingredientes de este tipo harán que el sebo se acumule más, atorando y ensuciando los poros.

Consulta la lista de ingredientes (INCI), porque hasta los cosméticos considerados de alta gama, prestigiosos y caros, usan y abusan de este tipo de componentes, que abaratan los costes de producción y crean una apariencia de efectividad de la que carecen.

Pon la misma atención a la hora de comprar maquillaje, porque es un tipo de producto en el que se abusa mucho de estos ingredientes, que lo hacen aún más comedogénico de lo que el maquillaje de por sí suele ser, especialmente bases y polvos compactos, que presumen de ser naturales y enmascaran sustancias de esta clase.

Hay tres reglas de oro para el cuidado de la piel grasa:

  • Mantén la piel limpia, pero hazlo con suavidad y sin obsesionarte.
  • Utiliza un tratamiento hidratante a base de ingredientes naturales.
  • Haz un hueco en tu neceser diario al protector solar con un factor no inferior a 50 para que sea útil como tal.

No te dejes embelesar por las estrategias de marketing: solo una buena comprensión de la piel y un cierto conocimiento de los ingredientes cosméticos te ayudarán a tomar buenas decisiones.

La crema hidratante deberás ponértela tras el sérum, cuando este haya sido completamente absorbido por la piel. Exiéndela con un suave masaje y deja que penetre antes de pasar al protector solar.

El sérum: más allá del cuidado de la piel

Usa sérum para la piel grasa

El sérum merece un capítulo aparte en exclusiva, y no solo porque sea el eje central de este artículo, sino porque el sérum es el único que puede marcar una diferencia en tu piel grasa y en tu relación con ella.

Un sérum es un concentrado de ingredientes muy intensos, que gracias a su formulación a base de moléculas pequeñas, tiene una gran capacidad de penetración.

El resultado es que sus potentes ingredientes llegan a las capas profundas de la piel y allí realizan un trabajo de reparación y regeneración.

El sérum puede hacer lo que ningún otro: solucionar los problemas en su origen y revertir los procesos que los provocan y mantienen en el tiempo. En Qué es el sérum y por qué es único te ampliamos esta información.

Una de las grandes ventajas para la piel grasa es que el suero es no graso (oil free), lo que no significa que no contenga aceites, pero no de los que obstruyen los poros, ya que estos no tienen ninguna capacidad de penetración en la piel. De hecho, muchos sérums cuentan con aceites vegetales entre sus componentes.

Insistimos: destierra de tu mente cualquier idea o creencia que tenga que ver con que los aceites, en general, son negativos para ti.

Se recomienda empezar a utilizar el sérum a partir de los 30 años, pero esta indicación solo sirve cuando se van a tratar los signos del paso del tiempo sobre nuestra piel.

Cuando hay problemas no relacionados únicamente con la edad, es conveniente empezar a utilizar el sérum lo antes posible, porque corregirá la tendencia de la piel, en este caso a producir grasa en exceso.

Si eliges los ingredientes adecuados verás cómo tu cutis mejora en poco tiempo, y si agregas el suero al cuidado diario, en unos pocos meses notarás que los cambios se asientan y permanecen.

Es importante que te cerciores de que tu sérum no contiene fragancias ni perfumes, que pueden irritarte y favorecer la aparición de manchas.

En verano puedes prescindir de la crema si utilizas un sérum hidratante (esto solo pueden hacerlo quienes tienen piel grasa).

Aplicar sérum en pieles grasas

Se aplica justo después del tónico -es conveniente dejar algunos restos de este sobre la piel, con el objeto de facilitar la penetración del suero (Aplicar el sérum tiene truco (fácil))-, y puedes usar distintas formulaciones para atajar diferentes problemas, lo que, a efectos prácticos supone que puedes utilizar uno durante el día, más enfocado a hidratar y modular la producción de sebo, y otro durante la noche, que aporte un suavísimo efecto exfoliante, unido a ingredientes antiinflamatorios, limpiadores y desinfectantes.

Incluso puedes usar dos o más simultáneamente, aunque no es una práctica que recomendemos, excepto para casos puntuales y durante un espacio de tiempo acotado.

Esto te permitirá tratar por separado y, por lo tanto, más intensamente, no solo el problema de la producción sebácea, sino los granos y las espinillas, las marcas y cicatrices, y hasta las manchas derivadas del exceso de sebo.

Siguiendo en la línea de romper las ideas preconcebidas, hay una tendencia cada vez mayor a incorporar los aceites a la rutina diaria de belleza, porque dan resultados magníficos, apenas producen reacciones adversas y son muy bien aceptados por la piel.

La combinación aceite-sérum o sérum-aceite es altamente recomendable, aunque las pieles grasas pueden sustituir el aceite por un hidrolato. Como sea, sacarán más partido del segundo tándem, llamado también método de absorción de fluidos, en el que el aceite prepara el camino para los ingredientes del sérum, incrementando su penetración e intensificando sus efectos.

Tenemos que volver a hace hincapié en la importancia de hacer una limpieza adecuada, porque ningún sérum podrá arreglar los desaguisados del maltrato constante que supone la obsesión por retirar la grasa y eliminar granos y espinillas.

Para las pieles grasas, nuestros sérums preferidos los encuentras en Estos son los mejores sérums para la piel grasa.

Qué ingredientes elegir

Ingredientes sérums pieles grasas

Para mantener el tono, empecemos con los aceites vegetales, que serán no comedogénicos. Nos gustan mucho para pieles grasas aceites como el de espino amarillo, el de almendras dulces, el de comino negro, el de onagra, el de semilla de uva o el de macadamia.

Los aceites con capacidad seborreguladora son una base excelente. Destacamos entre ellos el de jojoba, quizá el más compatible con la piel humana por sus grandes similitudes con ella.

Es importante que sean aceites prensados en frío, no hidrogenados ni esterificados, procedimientos ambos que les despojan de todos sus nutrientes.

Los aceites vegetales aportan vitaminas, minerales, oligoelementos y un vehículo ideal para trasportar el resto de ingredientes hasta las capas recónditas de la dermis.

Aceites esenciales como el del árbol del té, los cítricos, el geranio, la gayuba, el ciprés, el ylang ylang, la bergamota o la lavanda.

Si te parece una sobredosis de aceites, ten en cuenta que los esenciales no son en realidad aceites, pero sí hacen una pareja perfecta con estos.

Es necesario primar los ingredientes activos que alivian y facilitan la curación de la piel:

  • Antiinflamatorios como el aloe vera, el propóleo, el aceite del árbol del té, el de caléndula o el de espino.
  • Antimicrobianos como el árbol del té, la equinácea, la albahaca o el carbón de bambú.
  • Astringentes suaves, como el aceite esencial de cipŕes, el de zanahoria, los de cítricos.
  • Hidratantes como el ácido hialurónico.
  • Exfoliantes como el ácido salicílico o las enzimas.

Insistimos en desaconsejarte ingredientes no naturales y en que aprendas a interpretar los INCIs. Te puede parecer difícil y latoso, pero no tardarás mucho en conocer los ingredientes que más te encajan y detectar los que, de ninguna manera, deseas en tu piel.

El esfuerzo valdrá la pena porque tus cuidados faciales darán frutos que notarás mucho antes.

Mucha gente se lanza a hacer sus propios sérums en casa, con resultados magníficos. Si te atreves, puedes empezar aquí: Sérum casero para pieles grasas.

Un repaso final

La piel grasa y el sérum

  • La piel grasa necesita los mismos cuidados que las demás, incluida una adecuada y constante hidratación.
  • La guerra contra tu piel no es el mejor sistema para afrontar el problema.
  • Tu forma de vida afecta a tu piel, te guste o no, lo creas o no.
  • La limpieza es un paso fundamental en el cuidado de la piel grasa, pero ha de ser suave y constante.
  • No debes prescindir del protector solar. Exponerte al sol durante horas, no va a mejorar tu piel, ni a secar los granos, y sí va dejando huella en las capas más profundas. Además, puede dar lugar a la aparición de manchas.
  • Evita los tres error más comunes en el cuidado de cutis grasos:
    • El exceso de limpieza, de productos agresivamente astringentes.
    • Omitir la hidratación, tanto con cremas como con sérums. Si no tienes claro que necesitas ambos, te recomendamos leer ¿Todavía crees que el sérum reemplaza a la crema?
    • Intentar cubrir las irregularidades, granos y demás, a base de maquillaje, lo que hará que empeore.
  • Intenta eliminar del ritual de maquillaje todos los pasos que puedas, para no obstruir tus poros.
  • Desmaquillarte siempre que te maquilles no es una opción, sino una obligación.
  • Da lo mismo lo que te cuenten y te vendan: no cepilles tu rostro. La constante erosión no solo debilitará tu piel, sino que puede dar lugar a la aparición de acné o a su agravamiento.
  • El uso del sérum marcará la diferencia en tu piel, no lo dudes.
  • Hay pieles grasas y problemas derivados que deben ser tratados por un dermatólogo, porque están fuera del alcance de cualquier cosmético, incluidos los sérums. Si tienes comedones, espinillas e infecciones subcutáneas en demasía y resistentes a cualquier tratamiento, consulta con tu médico, porque existen ya medicaciones muy efectivas y permanentes, pero que necesitan estar prescritas y controladas de cerca por un facultativo.
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