¿Todavía crees que el sérum reemplaza a la crema?

Diferencias entre cremas y sérums

En este artículo te vamos a explicar exhaustivamente por qué no, para que no te queden dudas.

Para saber todo sobre el sérum te invitamos a leer Qué es el sérum y por qué es único.

Diferencias entre las hidratantes y el sérum

Algunas son evidentes, otras no tanto, y puede que muchas ni te las hayas planteado, pero están ahí y tienen su por qué.

Cuando las conozcas sabrás por qué uno no puede sustituir al otro y que los dos son imprescindibles para lucir una piel maravillosa.

Los objetivos a alcanzar

Que son los que van a definir y establecer las características particulares de cada uno.

Las cremas hidratantes están hechas para proporcionar a la piel una capa protectora extra, que mantiene la humedad de la dermis, impidiendo que se pierda y captando la humedad del entorno, a la vez que sustenta y refuerza las funciones de barrera cutánea, como veremos más detenidamente en los siguientes puntos.

Los sérums se crearon con el fin de proporcionar a la piel una ayuda extra tanto para estimular sus procesos de regeneración como para reparar los daños causados por agentes exógenos, como el sol, o bien endógenos, como la grasa excesiva.

Es más, los sueros están hechos para tratar problemas concretos, mientras que las cremas están ideadas para cuidar cada piel atendiendo a sus necesidades más básicas, como su tipo, pero no para curar el acné o eliminar manchas. Aunque puedan contribuir a estos y otros objetivos, lo hacen siempre como un apoyo, no como un factor activo y decisivo.

La fórmula

Cremas y sérums, diferencias

Las cremas se fabrican a partir de una mezcla de ingredientes grasos y acuosos, que consiguen homogeneizarse gracias a los emulsionantes que incorporan. Un emulsionante o emulgente es una sustancia que logra mezclar ingredientes que, de entrada, son no miscibles, como el agua y el aceite.

Pueden ser O/W, cuando hay más agua que aceite en la formulación, o bien W/O, si estamos en el caso contrario.

Dos líquidos que forman parte de una emulsión estable, es decir, cuyos ingredientes no tienden a separarse, se distribuyen de manera que se separan en partículas muy pequeñas: gotas minúsculas de uno (la llamada fase interna o dispersa) están rodeadas por gotas del otro (fase externa o continua), y dependiendo de cómo se distribuyan, serán O/W (aceite en agua) o bien W/O (agua en aceite).

Esta forma de distribuirse hace que dos emulsiones con los mismos ingredientes tengan propiedades organolépticas (las que podemos percibir mediante nuestros sentidos, como el olor o la textura) y químicas muy diferentes.

La mayoría de las cremas son emulsiones O/W, es decir, de aceite disperso en agua. Cuando son W/O tienen, entre otras, propiedades más protectoras, más de barrera, y también son más resistentes al agua (productos waterproof). Son cremas más untuosas y densas, que dejan sobre la piel una capa grasa aislante, perfectas para pieles muy secas, muy sensibles, o situaciones como frío y viento excesivos, ante las que ofrecen una protección extra a cualquier piel.

Estas últimas se conservan mejor, ya que en el medio acuoso es más fácil que se desarrolle vida microbiana de algún tipo.

La formulación de las cremas se hace con una gran cantidad de base (mezcla de  componentes cuyo cometido es facilitar el transporte de los activos y asegurar la estabilidad de la emulsión) y no demasiados ingredientes activos, nunca excesivamente potentes.

Por su parte, los sérums apenas tienen base, y sí una proporción importante de principios activos (hasta el 70 % o más) muy potentes.

Los sérums son no grasos, lo que no significa, necesariamente, que no tengan ingredientes oleosos. De hecho, muchos sueros cuentan con aceites en su formulación, pero estos son no comedogénicos, y muy compatibles, biológicamente, con la piel.

Los aceites vegetales de calidad son un vehículo perfecto a la hora de hacer sérums caseros, por ejemplo. Puedes comprobarlo aquí: Puedes hacer tu propio sérum casero. Y si miras el INCI de los sueros, encontrarás aceites de todo tipo, aunque no nos referimos a los aceites esenciales, que en realidad no son aceites, pero sí son lipofílicos y no se mezclan con el agua o líquidos acuosos.

La piel tiene una capa llamada manto hidrolipídico, formada por elementos acuosos (agua y ácidos) y elementos grasos (lípidos), y absorbe mejor todo lo que venga en un vehículo oleoso, que también garantiza la máxima capacidad de penetración de sus ingredientes.

Los sérums además combinan sus ingredientes de forma tal que todos entre ellos se potencian, haciendo de ellos un producto formidable.

Hay ingredientes que no queremos ver nunca en un sérum, como los perfumes o fragancias y, por supuesto, los colorantes. Y hay fabricantes que los añaden para disfrazar posibles deterioros, por ejemplo, de los sérums con vitamina C, que si se oxidan cambian de color (en Sérum con vitamina C: la combinación perfecta, te lo contamos).

Algunos productos hechos con ingredientes naturales -tanto hidratantes como sueros- tienen una caducidad corta, porque los conservantes naturales proporcionan un tiempo de vida más corto a las fórmulas, pero es menos probable que provoquen irritación o intoxicación.

Por otro lado, es normal que algunos sérums tengan un olor peculiar, por la misma falta de fragancias añadidas.

En cuanto a los ingredientes, somos partidarios de que estos sean de origen natural, por mucho que se defienda, con argumentos de todo tipo, el uso de siliconas, aceites minerales (derivados del petróleo), parabenos, etc. Desde nuestro punto de vista, el empleo de esos ingredientes solo se justifica por motivos económicos, no de salud y cuidado de la piel, y su utilización no se limita a las marcas más baratas: muchas marcas prestigiosas no tienen empacho alguno en usarlos y abusar de ellos.

Las moléculas

Hay diferencias entre sérum y crema

Una molécula es la porción más pequeña de una sustancia.

Las de cremas y sérums son muy diferentes, y en esta diferencia radica gran parte de las propiedades únicas de cada uno.

Las hidratantes están compuestas por moléculas grandes, incapaces de penetrar en la piel, lo que tampoco es su objetivo.

Estas moléculas grandes obligan a que la crema y todos sus ingredientes se queden en la capa más superficial de la epidermis, la conocida como capa córnea, formada por células epiteliales que hacen de barrera defensiva y protectora de la piel.

Estas células están unidas por el cemento que conforma el manto hidrolipídico ya mencionado, en el que vive la microbiota, un conjunto de organismos microscópicos que son parte integral de las defensas de la epidermis. Este manto necesita, además, mantener su pH, que en el rostro es de entre 4.9 y 5.5, para asegurar su funcionalidad y la de la microbiota.

Las hidratantes cuidan todo este microcosmos, garantizando y manteniendo su equilibrio, que es primordial para la salud de la piel y su buen estado general. Sin este equilibrio toda la piel queda comprometida.

Por su parte los sérums están formados por moléculas mucho más pequeñas, capaces de traspasar fácil y rápidamente la epidermis y llegar hasta la dermis, la capa más interna, en la que se producen prácticamente todos los procesos de regeneración diaria de la piel.

En esta capa se encuentran casi todo el colágeno y la elastina que dotan a la piel de resistencia y flexibilidad, las glándulas sebáceas, los capilares, nervios, etc. Es la capa a la que hay que llegar para cuando queremos arreglar los problemas cutáneos de forma real y permanente.

Solo el sérum, y los que podríamos llamar sus derivados (productos creados a partir de este, pero que no pueden sustituirle, como los boosters, los tratamientos de choque o los instantáneos), consiguen llevar a este estrato cutáneo sus ingredientes y reparar la piel profundamente.

Las moléculas también marcan otra diferencia entre sérum y crema, que es la penetrabilidad: la piel absorbe el sérum rápidamente sin dejar restos, pero impide que la crema entre realmente en la piel, aunque sí permite impregne la capa córnea.

La textura

Tanto por su formulación como por el tamaño de las moléculas, la textura de cada uno es completamente diferente.

Las hidratantes, incluso las más ligeras, tipo leches o geles, tienen, en comparación con el sérum, una textura densa, untuosa, lo que las hace perfectas para ser extendidas  y crear una película protectora sobre la superficie cutánea.

Los sérums, por el contrario, son líquidos cuya densidad puede variar, pero siempre son fluidos y ligeros.

Los efectos en el tiempo

Conoce las diferencias entre sérum y crema

Los del sérum puedes apreciarlos muy pronto, a veces desde la primera aplicación, y si hablamos de un tratamiento flash, hay un antes y un después en tu piel, en cuestión de minutos.

Pero para que un sérum empiece a realizar su verdadero trabajo en la sombra necesitas varios meses, al menos tres, de uso continuado.

Eso sí, lo notarás y los demás también.

El trabajo de la crema es mucho más lento, más discreto y menos notorio, pero es imprescindible, no tanto para mejorar la piel como para evitar o retrasar su deterioro.

Las cremas protegen la piel, dándole la oportunidad de recuperarse y equilibrarse cuando lo necesitan, a la vez que frenan los efectos del tiempo, el sol, y muchos otros factores, sobre nuestro cutis.

En cierto modo, el trabajo de las hidratantes no se advierte, ya que solo podría apreciarse en toda su magnitud si pudiéramos ver nuestra piel y su evolución sin estar tratada por ellas durante años, y comparar resultados, lo que no es posible, pero te aseguramos que se notaría y mucho.

Cómo escoger cada uno

El criterio fundamental en la elección de una crema es, siempre, el tipo de piel.

Sobre este se pueden añadir otros, como la eliminación de arrugas o de manchas, que son secundarios. En realidad, la crema por sí misma no va a solucionar ninguno de esos problemas, como ya hemos apuntado, pero puede prevenirlos o retrasar su aparición.

La elección de un sérum se hace, sin embargo, a partir del asunto que queramos abordar, y aquí, las consideraciones sobre el tipo de piel son las secundarias, lo que no significa que no sean pertinentes ni importantes.

¿Por qué? Porque, como vimos al principio, el sérum es un tratamiento profundo, mientras la crema sirve para cuidar y proteger.

Nosotros tenemos nuestros sérums favoritos: Descubre los mejores sérums faciales y antiedad.

El momento de empezar

Hidratantes y sérums tienen diferencias

Las cremas hidratantes deberían empezar a utilizarse a partir de la adolescencia, para prevenir cualquier problema.

Antes, de hecho desde los primeros meses de vida, deberíamos utilizar protección solar siempre que estemos en el exterior, y no solo en verano.

No hay cuidado posible de la piel sin protección solar, ni hay verdadera protección sin un SPF 50+ o superior. El sol es el culpable de más del 80 % del fotoenvejecimiento cutáneo temprano, sus efectos negativos se suman y se acumulan, y no son fáciles de revertir.

Volviendo al asunto que nos ocupa, en la veintena el uso de la hidratante debe ser un gesto tan cotidiano como lavarse los dientes, y a partir de los 30 lo ideal es usarla tanto de día como de noche.

Las fórmulas nocturnas son más nutritivas y están diseñadas para hacer un aporte extra cuando la piel se recupera del estrés diario.

En cuanto al sérum, en principio su uso está indicado a partir del momento en el que la piel empieza a bajar el ritmo de regeneración natural, momento que está entre los 25 y los 30 años. Nuestra producción de colágeno, elastina y ácido hialurónico baja, lo que provoca los primeros síntomas de envejecimiento: arruguitas, el principio de las líneas de expresión, pérdida de tersura y luminosidad, ojeras, etc.

Pero si se tienen problemas concretos antes de esa edad, como el acné, el sérum puede ser un gran aliado de la piel, y su uso corregirá este u otro problema antes de que vaya a más. Eso sí, una vez corregido el problema, no será necesario seguir utilizando sérum.

La aplicación: cantidad y forma de hacerlo

Todas las diferencias entre el sérum y la crema

Ya sabemos que tener la cara limpia es siempre lo primero. 🙃

Siguiendo la norma que dice que se deben aplicar los cosméticos por orden de densidad, de menos a más, el sérum debe seguir a la limpieza, ya la hagas con limpiador y tónico o con jabón.

No puedes aplicarte el sérum sobre una piel que no esté exquisitamente limpia, porque quieres que tu sérum penetre sin obstáculos y sin llevar consigo suciedad de la superficie.

Del sérum nos pondremos siempre unas gotas, y será más que suficiente. Ponerte de más no te servirá de nada y puede ser contraproducente, así que empieza por poco, que siempre puedes añadir una o dos gotas si hace falta.

Deposita unas cuantas gotas sobre tu rostro (frente, mejillas, barbilla, nariz) o en tu mano. Personalmente, me gusta más ponérmelo en la mano y calentarlo, frotándolo.

No se te ocurra extenderlo: simplemente, ayuda a que penetre con toques de los dedos o presionando estos o la palma  sobre la piel del rostro y el cuello. Más detalles en: Aplicar el sérum tiene truco (fácil).

El momento del día debes elegirlo tú. Puedes utilizarlo mañana y noche, o dejarlo para la noche, que es cuando la piel descansa y aprovecha para hacer múltiples labores de limpieza, regeneración, mantenimiento, etc., y cuando el sérum se convierte en un refuerzo formidable.

Notarás que la piel lo absorbe enseguida, dejándote una sensación muy ligera y nada untuosa.

Algunos sérums parecen dejar la piel un poco reseca y tirante, por el efecto tensor que tienen. La crema conseguirá que esa sensación desaparezca totalmente.

Una característica única del sérum es que se puede aplicar por capas, es decir, que puedes utilizar dos o más sueros a la vez.

¿Cómo? Tienes que elegir qué problemas vas a atacar, y luego, ponerte los sueros en orden de menos a más densos, como ya hemos indicado, para garantizar la mejor absorción de todos ellos. Por supuesto, debes dejar que cada uno penetre bien y se seque, antes de ponerte el siguiente.

No somos muy partidarios de esta técnica, por varias razones:

  • Tienes que saber de ingredientes e INCI para evitar combinar sérums cuyos componentes puedan anularse o incluso resultar incompatibles, produciendo reacciones adversas en tu piel.
  • Una piel sobreestimulada a base de muchos ingredientes puede volverse loca o colapsar, que es una forma muy gráfica de decir que demasiado arreglo puede acabar siendo un gran estropicio.
  • Hay ingredientes cuyo uso está limitado, y nos referimos a limitaciones legales concretas, claras y específicas. Si utilizas varios preparados que los contengan, sobrepasarás fácilmente el límite y tu piel lo pagará: sin ir más lejos, la legislación no permite que un cosmético contenga más de un 2 % de ácido hialurónico, porque, entre otras cosas, a mayor concentración produce un efecto contrario al buscado, secando muy desagradablemente la piel. Ahora bien, si te aplicas varios sérums con AH es posible que superes, sobre tu piel, ese límite, y lo notarás. Algunos ingredientes resultan tóxicos a mayores concentraciones de las permitidas, así que hay que tener mucho cuidado, porque los tóxicos se van acumulando no solo en tu piel, sino en tu organismo.
  • Nuestra recomendación: si tienes varios frentes abiertos, utiliza dos sérums, uno por la mañana y otro por la noche, o vete alternando sérums cada cierto tiempo, eso sí, dando a cada uno la oportunidad de hacer su trabajo durante, al menos, tres meses.
  • Si aun así quieres hacer la prueba, no te aconsejamos usar más de dos a la vez, y, desde luego, nos parecería una completa locura superar los tres, siempre tomando todas las precauciones posibles y dejándolo a la mínima señal de protesta, incomodidad o daño en la piel.

Con el sérum ya totalmente absorbido por la piel, toca ponerse la hidratante, y es un paso del que no debes prescindir ningún día de tu vida. Literalmente.

Tendrás que utilizar bastante más cantidad que con el sérum, pero sigue siendo prudente, porque no quieres tener la cara pringosa por un exceso inútil de crema.

Extiéndela hasta que esté distribuida por toda la superficie cutánea uniformemente, con un masaje de dentro afuera.

La crema sí se nota sobre la cara, ya que deposita una película sutil sobre la piel, suavizándola, dejándola uniforme y muy agradable al tacto.

En unos minutos impregnará bien tu rostro y podrás ponerte el protector solar. No nos cansaremos de insistir en este punto, porque es muy importante.

Conocer las diferencias entre sérum e hidratante

Aquí se da uno de los grandes momentos entre el sérum y la crema: todos los impresionantes ingredientes del primero están en tu dermis, haciendo un trabajo maravilloso, y la crema se acaba de ocupar de sellarlo, para que nada escape y ningún elemento indeseado se cuele. Y, además, se ocupa de mantener tu piel húmeda y jugosa.

Así que ya lo ves, el sérum no solo no sustituye a la crema, sino que juntos forman una alianza imbatible para el cuidado de tu piel.

Los envases

Los de uno y otra son muy diferentes, y no es solo una cuestión de estética y marketing.

Las cremas suelen presentarse en tarros de vidrio o de algún tipo de material plástico, que ofrecen todas las garantías higiénicas exigidas y necesarias.

También las puedes encontrar en tubos, pero es un envase menos común para las hidratantes.

Si te fijas, prácticamente cualquier cosmético está envasado en recipientes opacos, para evitar que la luz los deteriore, así que no te fíes nunca de los envases transparentes o hechos con plásticos endebles.

Los de vidrio oscuro o bien totalmente cubierto son perfectos.

En cuanto a los sérums, los encontrarás en envases pequeños de cristal siempre. Si un sérum está en un envase de plástico, desconfía. El motivo es muy simple y fácil de entender: debido a su alta concentración, pueden estropear los plásticos (por sus ingredientes ácidos, por ejemplo) o descomponerlos, y tú quieres tu sérum sin añadidos sorpresa.

Muchos sérums tienen un gotero como aplicador, lo que está muy bien pensado para controlar las escasas dosis que se usan cada vez, pero los goteros no ofrecen las mejores garantías higiénicas: el sérum entra en continuo contacto con el aire y la luz, además de con la piel de la cara o las manos.

Somos mucho más partidarios de los aplicadores de bombeo, que mantienen el suero aislado y te permiten ponértelo, sin tocarte la piel, en la dosis justa.

A la hora de guardarlos en casa, hazlo en un lugar fresco, oscuro y seco.

Puede que te resulte agradable ponerte el sérum frío, si tienes la piel sensible, o en verano: puedes guardarlo en la nevera. 😉

Si tu crema o tu sérum cambian de color o adquieren un olor extraño, tíralos, porque son señales inequívocas de que se han estropeado.

Esto no pasa normalmente, a no ser que lleven demasiado tiempo almacenados, una vez abiertos.

El precio

Más diferencias entre sérum y crema

Es una de las diferencias que antes notan y más señalan los usuarios.

El sérum es bastante más caro que la crema hidratante, siempre y cuando la comparación se haga entre productos de la misma marca o de gama similar.

Los sérums tienen una proporción de principios activos considerablemente mayor que cualquier crema, lo que explica que su precio sea superior.

Pero no olvides que del sérum usarás unas gotas en cada ocasión y te cundirá bastante.

Dos apuntes sobre los precios de los cosméticos:

  • Los más caros no son los mejores necesariamente. De hecho, muchos cosméticos caros no tienen una composición que justifique su precio en absoluto (más bien al contrario). En este sentido, no te dejes embelesar por el marketing, que en cosmética es tan imaginativo como absurdo: por ejemplo, el caviar o el oro no te van a servir de nada, pero encarecerán el producto final, no solo por un motivo económico, sino también por una cuestión de prestigio.
  • Los demasiado baratos no pueden ser los mejores, porque los ingredientes de calidad no son los más baratos.

¿Nuestra recomendación? Guíate por el INCI, es decir, el listado de ingredientes, a la hora de elegir tus cosméticos.

En el INCI los ingredientes aparecen por orden de concentración, de más a menos. Cuando sepas cómo interpretarlo, no caerás en las trampas del marketing, cuando, por ejemplo, te cuentan que un sérum tiene ácido hialurónico… y lo tiene en una cantidad tan escasa que no va a poder hacer nada por tu piel, pero te lo van a cobrar como si lo hiciera (sobre este tema puedes aprender más en: Beneficios del sérum con ácido hialurónico).

Ahora que conoces las diferencias entre sérum y crema, entiendes también por qué no son dos productos intercambiables, y por qué el sérum no sustituye nunca a la crema hidratante.

Se complementan y completan, y si quieres tener una piel perfecta no puedes prescindir de ninguno de los dos.

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